El humor hipermediatizado
Jueves, 11 de Agosto de 2016 17:04

--4/1/2013

Por Cecilia B. Díaz*

Hace algunos años se solía señalar la ausencia de programas humorísticos como géneros televisivos que se habían hibrializado para salpimentar desde noticieros, magazines hasta novelas. Incluso, la llegada de Peter Capusotto y sus videos en la Tv Pública aparecía en los análisis como excepción a la regla, que sobrevivía en la marginalidad de la planilla de Ibope.

 

Sin embargo, el 2012 ofreció un mayor abanico de envíos humorísticos que muestran la renovación no sólo de gags, sino también de estéticas. Tal es así que se sumaron Cualca y Paco Cambiasso, desde Duro de Domar a la oferta de Capusotto y el dominical La Red Tv Sin Codificar.

Más allá de los matices, estas producciones toman como disparador la crítica a los medios masivos de comunicación y a las industrias culturales. Pero, no se quedaron en lo bizarro y lo freak de las pantallas, sino que en cada emisión interpelan al espectador al exponer los usos y consumos de los discursos mediáticos. Esto es más que una coincidencia de iniciativas individuales o parciales, se trata de un clima de época.

En décadas pasadas, el espacio donde se desarrollaban las escenas humorísticas eran la oficina, el barrio, la cama, la fábrica e incluso el bar. Hoy, son las pantallas, las declaraciones frente a miles de micrófonos, la actividad en las redes sociales y hasta en un decorado de un talk show.

En la sátira de las cámaras ocultas que hace Sin Codificar se incluye la crítica sobre la construcción de las noticias y el sensacionalismo que el mismo canal realiza bajo el rótulo de periodismo de investigación. Asimismo, Yayo, el principal humorista conduce el sketch del panel de debate Hablemos sin saber, donde confluye la figura del opinólogo banal que afirma desde sus percepciones sin valerse de datos certeros. Así el envío dominical combina parodias de humor simple hacia los reality's show y los noticieros internacionales como el local Prendé y pagá.

Por su parte, el hilarante Paco Cambiasso revela la influencia de los discursos mediáticos en las conversaciones cotidianas pero al descontextualizarlos son disparadores de las críticas más sagaces.

En otro orden, la reciente sección Cualca comenzó sus emisiones poniendo la mira en la cobertura periodística sobre el delito y la delincuencia, revelando los estereotipos de los cronistas y la manipulación informativa. No obstante, no redujo su acidez a lo mediático; son destacados los capítulos Convivencia (allí donde el amor rosa sucumbe ante terroríficas escenas de la vida cotidiana) y Violencia Obstétrica, donde se ficcionalizaron las prácticas que dañan la salud reproductiva de la mujer y el humor negro no era creación, sino una mimesis de lo real.

En general, la mirada fresca y molesta del equipo comandado por Malena Pichot focaliza en los dilemas generacionales de adolescencias tardías que son contemporáneas a la desacralización mediática.

Algo similar ocurre con el culto por Peter Capusotto y sus videos cuyo atractivo radica en la desarticulación de los estereotipos del rock pero que sacude al espectador sobre los discursos a los que se expone día a día. Tal es el caso de Micky Vainilla que devela la xenofobia internalizada en la sociedad y enmascarada bajo el optimismo light pregonado desde los sectores conservadores.

Otro aspecto de este fenómeno televisivo es que no tienen los oropeles del rating sino que su mayor reproducción se da en internet y en las redes sociales donde se comenta y se vuelven culto en públicos aún más masivos.

Su riqueza, entonces, se ubica en la visión ácida y certera sobre los mecanismos, ya desnudos, de la instalación de los discursos detrás del entretenimiento y el espectáculo mediático. Con ese atractivo, el nuevo humor interpela a su televidente directamente al revelar el uso infantil y manipulado de las industrias culturales.

* Doctorando en Comunicación Social (UNLP), Lic. en Comunicación Social, Periodista y docente universitaria (UNLaM)

 
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