El Negro, la compa, la guriza, el gurrumín y el bebé
Sábado, 17 de Diciembre de 2016 03:05

--Por Bruno Barresi

 

-¡Dale, bajá y andá a preguntar!- el padre, un joven delgado, rostro curtido, gorra azul y camisa grisácea, está sentado en una tabla gastada y sostiene las riendas del caballo marrón cuero que planta los cascos de sus patas en el cemento tibio de diagonal 74.

La guriza se agarra de uno de los caños del carro, tantea con el pie izquierdo para buscar la madera hasta que la encuentra y amortigua el descenso. Se corre un mechón de pelo castaño de la boca, golpea la puerta de la panadería "La Caprichosa" y entra; sale con una torta negra en la mano izquierda y una con membrillo en la derecha. Le da un bocado a la torta negra, pasa entre dos autos estacionados junto al cordón y se planta frente al carro. El padre le estira la mano derecha para ayudarla a subir, la guriza se sienta y le pasa la torta negra a su hermano, un gurrumín flaco y de cara redonda que hace correr a su muñeco entre los cartones plegados y las botellas de plástico. Se sorbe los mocos, muerde desde la marca de los dientes de su hermana en la masa y mientras mastica despeja con el dorso de su mano la azúcar negra de las comisuras.

La de membrillo la guriza se la da a su mamá, una mujer robusta, de pelo negro y rostro carnoso, que va sentada en el carro del lado de la calle.
-Ahora, negro, dale dale, metele- la mirada hacia atrás para ver si viene algún auto.

Le pide a la guriza y al gurrumín que se sienten, que tengan cuidado porque "el negro" va a sacudir las riendas y cuando las riendas se mueven ya saben que el caballo arranca y si están parados se pueden caer. La mujer recorre las cabezas de la guriza y el gurrumín con una caricia. Los ruidos de los motores de autos y colectivos lanzados hacia Plaza Yrigoyen los rodean, "el negro" lleva el caballo manso y lento por la derecha, ficha de reojo las veredas, los canteros y puertas de locales para encontrar las razones que lo hagan volver a sacudir las riendas del caballo y bajarse a buscar el trueque del sustento con un salto largo y ágil desde el carro.

Al pasar el semáforo y doblar la plaza hacia la avenida 19, "el negro" estira la cabeza y le pasa las riendas a su compañera, que lo ve trotar hacia la heladería y la pizzería. Ella le vuelve a repetir a la guriza y al gurrumín que no se paren, que coman tranquilos las facturas, el Sol se esconde atrás de la plaza y el brillo que se mete entre las copas frondosas va a dar contra el carro. La guriza y el gurrumín están quietos, se ríen, comen la torta negra y la de membrillo, hacen saltar al muñeco entre los cartones y botellas, lo miran al "negro" que está por traer más cartones, papeles y botellas al carro, el gurrumín vuelve a hacer saltar su muñeco. Ella los mira, lo mira al "negro", riendas aferradas con fuerza en el puño izquierdo y brazo derecho estirado hacia sus pies para hamacar la sillita del bebé.

 
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