| Francia y Alemania: crisis de pareja |
| Martes, 15 de Mayo de 2012 14:13 |
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Por Emilio Meynet Las elecciones del 6 de mayo dejaron al descubierto la frigilidad de la alianza conductora de la Unión Europea. Juntos lograron conducir los destinos del bloque económico, pero el mandatario francés no pudo ser profeta en su tierra. Deuda externa, desempleo y un lento crecimiento de la economía, complican el panorama de Hollande. Es la quinta economía mundial, la segunda europea y su poderío militar está entre los más fuertes del mundo. Además, encabeza junto con Alemania el mayor bloque comercial del planeta y es uno de los soportes del euro, la moneda de mayor reserva mundial después del dolar. Lo cierto es que la realidad económica de Francia es preocupante para la Unión Europea desde hace un largo tiempo. Basta con recordar algunos números para comprender la situación macroeconómica de la nación gala. Tiene una deuda pública que alcanzó este año el 85,8 por ciento del PBI y la tasa de desempleo llega casi al 10 por ciento, porcentaje que aumenta en la franja de los jóvenes. Aunque no está en recesión, su tasa de crecimiento es baja -se calcula un promedio de 0,5 por ciento para 2012- y en 2011 el déficit público llegó al 5,4 por ciento de su PBI. La campaña crítica, con la que el socialista Francois Hollande ganó, puede poner en aprietos a la Comunidad Europea y servir de señal para la oposición y el descontento en países que hasta ahora cumplen ejemplarmente las drásticas medidas de ahorro, como Italia y España. La propuesta de Hollande de priorizar el crecimiento al ajuste se contrapone al pacto fiscal firmado por los países que integran la zona del Euro, liderados por la canciller alemana Angela Merkel. Sus promesas preveían la creación de puestos de trabajo en el sector público y programas sociales muy difíciles de financiar. Además del panorama ya descripto con respecto a su endeudamiento, el desempleo, el bajo crecimiento de su economía y el descontento social generalizado; deberá refinanciar una deuda externa de 130 mil millones de euros. No sorprende entonces, que los mercados reaccionaran con nerviosismo a su victoria y el euro bajara, por primera vez en tres meses A la situación francesa se debe agregar otro componente que atañe al futuro de la unión y puede torcer la correlación de fuerzas, para uno u otro lado, a lo interno del continente. Ante la radicalización en Grecia, que incluso podría volver a las urnas en junio, Hollande puede verse obligado a cerrar filas, más de lo que originalmente planeaba. El 16 de mayo, Hollande visitará a Merkel en Berlín; y para el 23 de mayo, Bruselas ha invitado a una cena informal, donde los 27 jefes de Estado y de Gobierno pondrán a prueba la flexibilidad del nuevo inquilino del Eliseo. La cuestión será si se contenta con agregar a las medidas de austeridad otro pacto para el crecimiento económico, o si insiste en la revisión de todo lo acordado. La propuesta sería la emisión de "Eurobills" -cualquier similitud con el "patacón" es pura coincidencia-, papeles de endeudamiento a corto plazo, con montos limitados, para programas concretos y que no pongan en riesgo las metas de reducción del endeudamiento. Aunque no existe claridad sobre los detalles, sí hay por lo menos consenso en la Comunidad Europea sobre la necesidad de alentar la economía. En cambio, el destino de Grecia parece quedar a la deriva, con impredecibles consecuencias para estos esfuerzos. Pero seguramente Hollande intentará estirar durante el mayor período posible su "primavera" presidencial donde será visto como la niña mimada del concierto europeo. Su proyecto está teniendo ecos en Europa. Las declaraciones de dirigentes europeos sobre la necesidad de fomentar el crecimiento para superar la crisis se multiplicaron en las útimas semanas. De hecho, el domingo pasado, en una entrevista al diario "Il Sole 24 Ore", el ex presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, llamó a la creación de un pacto entre Francia, Italia y España para impulsar la reactivación de la economía, sin por ello oponerse a Alemania. Prodi, ex jefe del gobierno italiano (1996-1998 y 2006-2008) afirmó que "el cambio en Francia y Europa es imprescindible y que Francia tiene que volver a cumplir con su papel de cemento comunitario con Italia y España". Tiene que haber "un eje de tres, que no se oponga a Alemania (...), sino que proponga a Alemania y a Europa un proyecto de reactivación creíble", estimó el predecesor del último mando de Silvio Berlusconi. En cuanto al sector que hasta la semana pasada lideraba Nicolás Sarkozy, son más las incertidumbres que las certezas. En una entrevista brindada al periódico español "La Razón", el director de la carrera de Periodismo de la Universidad, Paul Verlaine Metz, Arnaud Mercier, respondió sobre el futuro de la Unión por un Movimiento Popular. "Después de cada derrota de un partido de gobierno se abre un nuevo desafío y comienza una nueva fase. Es fácil que durante los próximos días surjan las ambiciones de las distintas personalidades del partido para convertirse en un candidato a la presidencia en 2017", dijo Mercier. Además señaló que el actual secretario general de la UMP -J.F. Copé- y el actual primer ministro -François Fillon- están prácticamente declarados candidatos para las próximas presidenciales y probablemente haya otros más. Agregó en sus declaraciones que lo más seguro es que en la UMP se implante un mecanismo de primarias como en el Partido Socialista, y aseguró que la derrota de Sarkozy dará argumentos a todos aquellos que consideran que su discurso de campaña estuvo demasiado marcado por los temas del Frente Nacional y criticarán ese «giro a la derecha» del discurso con el objetivo de volver a las posiciones más tradicionales. Sin embargo, dentro de la UMP existe otro sector que puede abogar por posibles alianzas electorales con el Frente Nacional. Mercier afirma ante este panorama: "Si esto sucede, existe un alto riesgo de tensiones dentro de la UMP que le impedirán la labor de oposición al Partido Socialista". El objetivo de Bruselas, trazado por la fracción franco-alemana, era fortalecer su posición en los países periféricos del territorio de la UE: ajustar las economías para mejorar las finanzas públicas asegurando que los bancos franceses y alemanes fuertemente expuestos en España, Portugal, Italia, Grecia e Irlanda; no tengan problemas en cobrar sus deudas. Así podrían consolidar su posición para salir de la crisis con un gobierno europeo fortalecido a partir del control de los presupuestos de los países miembros, con regulaciones financieras más estrictas, compra de empresas en los países periféricos de la unión y controlando los eslabones débiles en donde pueden hacer pie los golpes financieros. Pero ahora, con un cambio de mando en una de las partes de la alianza que conducía este proceso, el objetivo de Bruselas comienza, por lo menos a empañarse. Depende que papel decida jugar Francia en los próximos cinco años para saber que rumbo tomará la Unión Europea. Con Sarkozy, Francia se disponía a seguir el plan alemán y anunciaba el compromiso de iniciar un ajuste por 45.000 millones de euros para alcanzar un déficit del 3 por ciento del PBI para el 2013 (en 2010 del 8 por ciento), adecuándose a las reglas europeas. Traccionando a Francia, Alemania obligó a toda la zona euro a seguir su política de ajuste-ahorro-inversión-producción-exportación-superávit, agudizando las contradicciones con las fuerzas angloamericanas que pedían a los alemanes que "reequilibren" la demanda global y ayuden a la recuperación global gastando más. Pero, ¿y si no logra traccionarla nuevamente? |







