"El Llamado Ancestral"
Cultura

--*Por Nadia Quantran

 (Lado B)


Ser afrodescendiente
"...Sus manos se afincaron como pudieron /
Se quedaron y siguieron /
Se callaron y siguieron /
Se callaron hasta mimetizarse /
Pero dicen que África sigue al negro a donde vaya / Mamá África se rehace /
En cada célula se reproduce para no morir /
Así generaciones tras generaciones denotan su paso a pesar del blanqueamiento /
El silencio fue y se transformó en un grito ahogado /
Hasta que al liberarse puede decir/
Aquí nos trajeron, aquí nos quedamos y ahora aquí estamos /
Luchando por nuestro derechos"
Lucía Molina

 

Hace poco un amigo africano me dijo que indagar por la africanidad sin razón aparente, respondía esencialmente a un llamado ancestral. A un llamado que no entiende de raciocinio actual, sino que sin quererlo se encauza haciala búsqueda como un fin en sí mismo. Pero la búsqueda va por detrásaaquella identidad construida desde una conveniente invención selectiva –blanqueadora, dicho sea de paso-, sino contrariamente el llamado de atención se dirige a esa que está tras bastidores; quemoviendo los hilos desde el anonimato, es partícipe en una obra de nunca acabar. [Es necesario atravesar esa delgada línea para lograr un redescubrimiento.]

Escondida en la antesala tras la puerta,es inevitableno oírsus tamborileos, el son inigualable de una fuerza natural que ineludiblemente se hace presente con su quilombo -en sus dos acepciones-;y si hacemos silencio, podemos reconocerla en los sonidos, en los colores, en la piel, en los movimientos, y en todo aquello que nuestros ojos decidan ver donde antes solo se miraba. Al reeducar la vista, esa que nos mal-educaron,enmarcaron nuestros sentidos en un mosaico que solo permite ver y sentir recortes, de lo que es en realidad un selva indómita y aguerrida, sin marcos ni límites, y consecuentemente mucho más compleja.

Pero ojos que no ven, corazón que no siente, fue la bandera de esta hipótesis y la cómplice de la invisibilidad.

Pero como dijo un comprometido antropólogo, ¿quiénes somos nosotros para creernos lo suficientemente importantes como para intentar salvar o rescatar una cultura, una música, una historia, que pudo -por si sola- sobrevivir 5 siglos sin ser salvada, sino todo lo contrario?El blanco vive desde la inmediatez, desde el vértigo de creer que todo es aquí, ahora y ¡ya!, no hay grises ni hay medias tintas. Y hay mucho ego. Y vivímos con mucho ego. Motor que lleva a crear y creer Su historia, la oficial. Pero la caUsalidad (no la casualidad), tiene sus propias ideas de estas construcciones.

En cambio, esta historia -la otra cara, la negra- muestra que sin ser protagonistas del escenario, desde la secundidad, terceridad o muchísimo más lejos de este lugar, la fuerza indómita de una comunidad castigada, masacrada y tumbada una y otra vez, encontró la forma de sobrevivir.

A través de ritmos, de colores, de movimientos compartidos durante dos jornadas e intensas, se viópersonificado a través de un gen caprichoso que decide aparecer y aparecer en el cabello caracolado, en la infinita variedad de colores en la piel –negritud innegable-, en las cuerdas vocales que acompañan el aire y los contoneos -cuerpos que no tienen igual-, en los pómulos marcados y altaneros, en las orejas pequeñas -que por su disminutez no dejan de cumplir su función-, en sus labios candorosos, en los pies que se aplanaron de tanto caminar por un continente que solo trajo penurias. Tragedia que fue resignificada dándole existencia a un vasto territorio gracias a esta presencia, que tras el telón de fondo trabajó incansablemente sin reconocimiento ni paga alguna.

El llamado ancestral no deja de sonar, no deja de tocar, no deja de ser y existir. "¿Qué te pasa cuando escuchás los tambores", me dijo una mujer muy fuerte con toda la dulzura de su fiereza, regalando palabras claves para una búsqueda. Son inseparables los ritmos, la música y el color, de la estructura de palabras, charlas, paneles y reflexiones; no se puede negar la literalidad de la herencia cultural encarnada y continuamente resignificada.

Si, se respira.Si, se siente. Cuandohacemos silencio y dejamos entrar esa fuerza que sacude hasta la última célula del cuerpo, desde la punta del pelo hasta los talones de los pies; un llamado invita a soltar, a soltar-se, a compartir una fiesta para recuperar la riqueza de los sentidos y el poderío de un árbol genealógico que se sacude y se renueva; si, se siente el clamor de una existencia, de una presencia, pero sobre todo de una perpetuidad indefectible en la historia.

¿Cómo no contagiarse de tanta fuerza y comenzar un redescubrimiento de toda una historia negada? ¿Cómo no empezarnos a ver con otros ojos, cuando la presencia está allá, ahí, acá? Innegablemente somos una combinación de raíces indígena, europea y africana, que caprichosamente los genes se empeñan en recordar, mientras que los ojos culturalmente son educados para sortear.

*Gracias a Yesica, a Analía y Horacio por alojarme y permitirme compartir una experiencia maravillosa, y a toda la Red Federal de Afroargentinos del Tronco Colonial.