El otro Mundial

Videla sostiene la copaVidela sostiene la copaPor Mariano Tomaselli Pizá

 

"Cuando el fútbol se lo comió todo"...
León Giéco

En un proceso similar al padecido por muchos países latinoamericanos y previo al golpe cívico militar de 1976, aun en democracia, continuó en Argentina un plan sistemático para aniquilar el pensamiento nacional. Desde ese momento y hasta 1983 se perpetraron secuestros, torturas y delitos de lesa humanidad, cometidos por las fuerzas de seguridad, en complicidad con sectores civiles. En reiteradas oportunidades, la cúpula militar buscó generar consenso y taparla la Argentina del terror. Una de esas acciones fue la realización de la Copa Mundial de Fútbol de 1978.



El 25 de junio de 1978, no fue una fecha cualquiera. Fue el día exacto en que se jugó el partido final del Mundial de fútbol disputado en Argentina. El seleccionado local se hizo con la copa. Con la que se intentó tapar la desaparición forzada de personas, el robo de niños, los presos políticos y el plan sistemático de exterminio instaurado por el terrorismo de Estado comandado por Jorge Rafael Videla y la cúpula militar.

Treinta años después del partido decisivo entre Argentina y Holanda, que tuvo lugar en el Estadio Monumental del club River Plate, pude presenciar "La Otra Final, el Partido por la Vida y los Derechos Humanos".

Así se llamó a la jornada organizada el domingo 29 de junio de 2008 por el Instituto Espacio para la Memoria (IEM) que contó con la participación de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo; representantes de la CTA y de Organismos de Derechos Humanos; así como también algunos de los jugadores que integraron el plantel del seleccionado de fútbol como Leopoldo Jacinto Luque, René Houseman y Ricardo Villa; además de integrantes de los seleccionados juveniles; y familiares de detenidos-desaparecidos.

Ese domingo 29 de junio de 2008, el sol calentaba el aire de la mañana y no había rastro alguno de nubes que pudieran aguar lo planificado. Junto a mi familia viajamos desde La Plata a través de la Autopista que une la capital bonaerense con la Capital Federal y estacionamos casi frente a la ex Escuela de Mecanica de la Armada (ex ESMA), que durante la última Dictadura Cívico Militar funcionó como Centro de Detención Clandestino y ahora es un "Espacio para la Memoria".

En el portón de ingreso al predio, ubicado en la Avenida del Libertador, se encontraban Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, familiares de desaparecidos, representantes políticos nacionales y provinciales; ex detenidos; miembros de H.I.J.O.S, que eran retratados y entrevistados por los trabajadores de prensa.

Desde la puerta principal del edificio, colocada sobre el piso, se dispuso una bandera con el retrato de los 30 mil desaparecidos. La bandera se extendía por más de una cuadra.

Algo impactante ocurría cuando todos los presentes, nos ubicamos al costado de la bandera, en el margen izquierdo o derecho, con el fin de tomarla en conjunto y comenzar la marcha por la Avenida del Libertador hacia el Estadio Monumental, a unas veinte cuadras de la Ex ESMA.

Cuando nos detuvimos junto a mis padres en un margen de la bandera, miramos hacia abajo y en el lugar dónde nos ubicamos estaba el retrato de mi tía Liliana, quien fue secuestrada en Berisso el 26 de Junio de 1977 y hoy permanece desaparecida. La casualidad muchas o en casi todas las veces, es inexplicable. ¿Cuántas posibilidades existen, en concreto, de pararse sin intención justo frente al retrato de un familiar desaparecido?

La marcha comenzó de a poco y la bandera con los retratos de los compañeros circulaba abrazada por todos. Las veinte cuadras que separan al "Espacio para la Memoria" del Monumental de Núñez, fueron transitadas en medio de cánticos en contra de la Dictadura y reivindicando la memoria de los ausentes, haciéndolos presentes.

Desde los balcones, algunos vecinos del barrio, apoyaron la marcha. Otros en cambio, gritaron desde la ventana de los lujosos edificios de la zona: "¡Viva Videla!". Grito que fue abucheado por los marchantes. Era una jornada alegre, con el sol que abrazaba el otoño, aportando calidez al caminar por la memoria.

Al llegar a la intersección de Avenida del Libertador y Udaondo, giramos a la izquierda, para transitar las últimas tres cuadras del trayecto.
Cada tanto, se escuchaba algún grito de alegría y sorpresa; y se veían los abrazos entre compañeros de militancia que se reencontraban.
Así fue que mi papá, Víctor, se encontró con el "Colorado" Podio. En una de las pausas que tuvo la marcha, antes de enfilar por Udaondo, se quedaron mirando a la distancia. Desde lejos se reconocieron: "¡Víctor!". "¡
Colorado!".

Ambos estuvieron presos en el Penal de Rawson Chubut, fueron compañeros de pabellón y también tienen una historia particular vivida dentro de la cárcel, en el transcurso del "Mundial 78".

La Copa del Mundo ¿y detrás del telón?

Desde Julio de 1966 Argentina ya estaba designada como sede para la realización de la Copa del Mundo de fútbol que se disputaría en 1978.
Durante el último gobierno de Juan Domingo Perón, la organización del Mundial estaba a cargo del Ministerio de Bienestar Social comandado por José López Rega, junto al Almirante Carlos Lacoste y los sindicalistas peronistas Paulino Niembro y Lorenzo Miguel.

Luego del Golpe de Estado de 1976, la cúpula militar encabezada por Videla, Agosti y Massera dispuso la creación del Ente Autárquico Mundial 78 (EAM 78) que presidirían Omar Actis y Lacoste.

La idea de Actis, era realizar inversiones austeras para acondicionar los campos de juego como indicaba la Federación Internacional de Futbol Asociada (FIFA), pero esa no era el objetivo de Lacoste, quien deseaba que la Copa del Mundo fuera una imagen del poderío argentino.

Luego de que Actis presentara su proyecto de Mundial, fue fusilado por un grupo de encapuchados. Ese crimen se le atribuyó a la organización Montoneros, pero tiempo después se supo que el responsable organizativo del fusilamiento de Actis, fue el mismo Lacoste.

Sin Actis, Lacoste fue quien obtuvo el poder completo del EAM 78 y así fue que destinó 517 millones de dólares para la organización del Mundial y así intentar tapar de la mirada internacional la verdadera Argentina. Detrás de cada estadio funcionaba un centro clandestino. River a pocas cuadras de la ESMA; Vélez Sarsfield cuasi vecino de "El Olimpo"; el Liceo Militar detrás del "Estadio Mundialista" de Mendoza; "La Perla" se ubicaba muy cerca del estadio cordobés "Chateau Carrera". Lo mismo con el estadio de Mar del Plata y el mundialista de Rosario, que se ubicaban contiguos a la Unidad Regional y al Segundo Cuerpo de Ejército Respectivamente.

Esa entonces era la verdadera Argentina. La del horror y las torturas. La del Centro de extermino y de las cárceles con presos políticos. Ese telón ficticio que intentó tapar la represión del Estado de Facto ocurría al mismo tiempo en que Víctor y el "Colorado" Podio se encontraban presos en el Penal de Rawson a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN).

Víctor ingresó allí en diciembre de 1975, con 19 años. Gobernaba Isabel Perón y estaba decretado el "Estado de Sitio". La presidencia fue delegada de Isabel a Italo Luder y de hecho; el plan para la instauración de un Golpe de Estado, ya estaba decidido.

En el 75 el trato de los presos políticos en Rawson, era duro, pero dentro del marco constitucional. Eran presos políticos y era claro que estaban allí en ese carácter. En ese momento la represión llegaba hasta un punto. Todavía no se había sacado gente de las cárceles, para ser llevados a Centros Clandestinos de Detención, como sí ocurriría después. En ese marco, fue que llegó el golpe del 24 de marzo de 1976.

Los presos estaban alojados en celdas individuales en cada uno de los pabellones conformados por 42 personas. Eran celdas de dos metros por uno setenta; y de dos y medio de altura. Se abrían a las ocho de la mañana y se cerraban algunas horas a la siesta; para luego volver a abrirse.

Esa metodología duró hasta el 24 de marzo del '76, previo al Golpe de Estado. Luego cambió la metodología y los presos se dieron cuenta de que algo pasaba.

En los pabellones oían una radio, LU19, que se emitía por medio de parlantes distribuido en distintos puntos y por medio de una transmisión radial pudieron escuchar el discurso de Oscar Alende, realizado el 23 de marzo en cadena nacional.

Al día siguiente, el 24 de marzo, no se les abrió las celdas. Tampoco había radio, estaban incomunicados. De esa forma se enteraron que se había producido el golpe. A partir de ese momento, comenzaron las sesiones de tortura. Como el caso de Jorge Dimitrio, militante peronista de La Plata.

Apareció gente extraña en el penal de Rawson. Con vestimenta del servicio penitenciario, pero que, por dichos de los mismos presos, no lo eran. Tenían la tarea de relevar en detalle el comportamiento de los reclusos porque los presos estaban organizados dentro del penal. Tenían grupos de estudios y distintas actividades para poder llevar adelante la situación. Eso era lo que las "nuevas caras" del servicio penitenciario, anotaban con detalle.

A partir de fines del ¨76, el funcionamiento del penal para con los reclusos, cambió. No tenían acceso a ningún medio de información. No más radio, no más diario y sí más vejaciones.

Las autoridades penitenciarias hicieron una categorización distinta de regímenes que establecieron de acuerdo a lo que ellos evaluaban de cada persona. Estaba el régimen más duro, para los que calificaban como los delincuentes terroristas irrecuperables. Otro régimen intermedio y uno más bondadoso. En el más bondadoso estaban los presos que no estaban organizados o agrupados políticamente y que eran considerados como recuperables.

Víctor, estaba dentro de régimen más duro.

La determinación, aun estando en ese régimen, de continuar agrupados, estudiando y ocupando el tiempo en actividades colectivas, fue lo que les permitió sobrellevar los años más duros de la cárcel. Hubo casos psiquiátricos en algunos presos Y ese era uno de los objetivos de la represión.

Como la dictadura no había podido eliminar, por situaciones políticas, a muchos de los presos, lo que se buscaba era el quebrantamiento físico y mental en base a golpes, maltratos y comida podrida.

La mayoría de los presos eran dirigentes políticos y no estaban ahí por casualidad. Cuando se quiere quebrar la voluntad popular, una de las principales medidas a tomar es la de romper la dirigencia.

A tal punto se nota eso con el correr de los años.

En el pabellón donde se encontraba Víctor, salieron 14 diputados nacionales. Incluido Jorge Taiana, quien fuera Canciller durante cinco años consecutivos en el mandato de Néstor Kirchner y en el comienzo del primer ciclo de Cristina Fernández en la Presidencia de la Nación. Quebrar a toda esa gente era el objetivo.

La resistencia, dentro de las posibilidades, estaba presente en el día a día de los presos. Eso los mantuvo cuerdos.

Un compañero de pabellón de Víctor, era psiquiatra y dentro de las actividades que realizaban, hicieron un trabajo con los demás presos sobre el régimen aplicado en Rawson.

Lo que arrojó ese trabajo, fue que el régimen aplicado, tendía a incentivar el pensamiento fantasioso de los presos. Porque estaban 16 horas encerrados, solos. Por esa razón, la contramedida para eso era incentivar el pensamiento consciente, que consistía en ordenarse el tiempo.

Todos los lunes, les daban una hoja y un marcador; y una hora de tiempo para utilizarla. Estaba destinada a escribir a sus familias. El trabajo que hacían durante la semana, era pensar y ordenar lo que escribirían el lunes. Según Víctor, el ejercicio de memoria que realizaban con esa actividad, era impresionante. Y eso les servía para mantenerse pensantes.

Tenían su propio servicio de prensa. Colectaban las noticias a través de las visitas, eran noticias verbales. Las visitas podían acceder al penal durante 6 días seguidos, cada 45 días. Entonces una de las tareas que tenían los familiares era leerse los diarios del día para luego llevar la información adentro del penal.

El equipo de prensa, tenía como misión recolectar de cada uno de los presos visitados, la información que les habían dado los familiares. El de prensa, iba llevando un archivo, de memoria, de lo más importante del día y de la semana para luego publicarlo en un pequeño boletín llamado "Liberación", donde también se hacía un análisis político.

Toda esta actividad era clandestina, pues estaba prohibida por las autoridades. En el pabellón había permanentemente circulando un celador, que escuchaba las conversaciones, por eso no se podía desarrollar esa conversación con noticias delante del personal del Servicio Penitenciario Federal. Había que tener un tema de charla para cuando pasaba la ronda y cuando se iba seguir pasando las noticias.

Estaban presos sin fecha, es decir, el destino de esos presos dependía de la evolución política del país. Hubo casos de algunos presos que tenían condena.

El boletín "Liberación" circulaba en todos los pabellones. De esa forma se garantizaba una homogeneidad de la información.

En esas condiciones, se presentó el mundial de 1978, con expectativas en cuanto a lo que significa globalmente un evento internacional como ese para los ojos del mundo.

A partir de eso era que desde la cúpula militar temían que se desarrolle algún tipo de problema con los presos que despertase el interés de la prensa internacional, lo que significaría hacer visible las violaciones sistemáticas a los DDHH.

Durante el Mundial, presos de distintas organizaciones fueron llevados, por mínimos motivos, a pabellones especiales.

Uno de esos presos, fue Víctor, junto al "Colorado" Podio. Fueron llevados como rehenes y si algún otro preso de cualquier pabellón cometía algún tipo de disturbio, los que la pagarían serían los que se encontraban en el pabellón especial.

Los rehenes del mundial

En el Penal de Rawson siguieron las durísimas condiciones hasta al año siguiente, cuando visito el penal gente de la Comisión interamericana de derechos humanos Nacional de Derechos Humanos.

Las sanciones comenzaron en la previa del mundial, en Junio de 1978. Los presos seleccionados como rehenes eran llevados a dos pabellones desocupados que tenía el penal y eran colocados, uno cada tres celdas. 15 en uno y 12 en otro pabellón. A medida que se cumplía la sanción determinada, se abrían las celdas, se devolvía a cada preso sus elementos personales que constaban de un colchón, almohada y tres frazadas, porque mientras permanecían con sanción de rehenes ni siquiera les daban esos elementos.

Antes de llevar a los presos como rehenes, se los alojaba un tiempo, sancionados, en "Los chanchos".

Víctor y Podio, sostienen que lo primero que se siente al entrar al "Chancho" es el olor especial, característico, que dicen es el olor de la adrenalina, pero hay también olor a orín, a traspiración. Es único, característico, inolvidable.

Los penitenciarios, abrían la puerta, siempre de a dos o tres guardias, preguntaban a que organización pertenecían los presos y si habían matado a alguien. Decían que las familias estaban avergonzadas y que los abandonarían, que morirían de dolor, que saldrían muertos. Los presos eran usados como bolsa de gimnasio, tirando piñas un rato cada uno, piñas que los presos trataban de esquivar, sin dar un paso para atrás, lo consideraban deslealtad para con ellos y cobardía; y menos aun para adelante porque les daba pánico y siempre con las manos atrás. Se cansaban y traspirados, agitados y colorados, se iban.

El horario preferido era después de cena, pero a veces las visitas también eran después de la siesta y aunque se daban los tratamientos individuales cada vez, en uno u otro turno. A veces, también no tocarles ningún turno de golpiza, pero si escuchar en silencio como golpeaban e insultaban a un compañero.

En los primeros años de cárcel, los presos sancionados dormían acostados en el piso. Luego ya no lo hicieron más. Dormían sentados sobre los talones y de ser posible, sin apoyarse en la pared, que estaba helada, con las manos en los bolsillos de la chaqueta y sobre la falda.

En el pabellón de rehenes sancionados se podía ver, desde la ventana un descampado desierto las pasarelas con penitenciarios armados de guardia, gaviotas en el piso peleándose comida y parte de la ciudad.

Los sancionados eran muchísimos y por esa razón el puñado de calabozos de los chanchos no alcanzaba y habilitaron el pabellón siete que estaba vacío, como pabellón de castigo.

Un día a la tardecita, se escuchó la radio en el pabellón de rehenes. Sonaba como mal sintonizada, retumbando en las paredes. Era un partido del Mundial de Fútbol y los penitenciarios lo ponían solo para que los presos supieran que se lo perdían.

El día de la final, con la coronación de Argentina, los festejos de oían desde el Penal de Rawson.

Víctor y Podio se asomaron a la ventana y desde una camioneta que pasaba por afuera del Penal, se escuchó: "¡Viva Perón!" a lo que ambos contestaron: "¡Viva Perón!".

Cada vez que lo cuentan, lo vuelven a escuchar y piensan: "¡Qué importaba la cárcel, si afuera los compañeros seguían cantando las mismas consignas!".

 
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner