Ernesto Alonso: "Volveremos a Malvinas de la mano de América Latina"
Martes, 22 de Octubre de 2013 21:28

altaltPor Fernanda Quiss

TW: @fernandaquiss

Ernesto Alonso integra, desde hace 28 años, el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas La Plata (CECIM) y desde hace dos años es presidente de la Comisión Nacional de ex combatientes. En una entrevista cuenta cómo fue vivir la infancia y adolescencia en el contexto de la dictadura militar que más tarde marcaría su futuro enviándolo a la guerra.

 

Resulta inevitable sentir una grata contradicción entre las palabras de Ernesto y las que se pueden leer en el cuadro que tiene a sus espaldas con la leyenda "Malvinas: una herida abierta".

Y es que lejos de experimentar compasión o tristeza, el relato de este hombre, genera admiración y buena energía. Él se encarga de transmitir esto explicando el concepto de "resiliencia" para referirse al proceso que atravesó y que –como en su caso- viven quienes transitan alguna experiencia traumática pero, pese a ello, salen fortalecidos.

"El hecho de habernos juntado acá en el CECIM, haber sido transgresores, verbalizar nuestras experiencias y encontrar un sentido político, nos permitió salir. Si hubiésemos quedado inmersos en la situación que nos planteaban, seguramente la experiencia individual hubiese sido distinta", agrega Ernesto.

Beto, para algunos amigos, nació en Parque Avellaneda, Capital Federal y en el año 1972 se mudó con su familia a Villa Elisa, La Plata. Los recuerdos de su infancia parecen agradecer de alguna manera la decisión de sus padres de asentarse en un lugar que define como poseedor de una "identidad propia", remarcando el hecho de que todos se conocen con todos. "Chapoteábamos en el barro, cazando ranas, yendo a pescar a Punta Lara, al Parque Pereyra, eso de más pibes. Y después, más de adolescentes, las reuniones y las salidas que eran muy locales. Un malón en la casa de uno, de otro..."

Es el día de hoy que elige esta zona de la ciudad para vivir con su esposa Claudia- quien fue su vecina de toda la vida y luego novia desde los 17 años- y sus hijos Laurentina y Agustín.

Alonso y sus amigos tenían una banda de música en la que él tocaba el bajo, Dante Pereyra (caído en Malvinas), la guitarra y Alejandro, la batería.

Pero el panorama de tranquilidad de aquellos años de primeras salidas comienza a verse opacado por el gobierno dictatorial del'76.

"Para hacer los malones tenías que pedir permiso en la comisaría diciendo que ibas a hacer una fiesta en tu casa. Como pibe no tomaba conciencia. Con 16 años, le afanaba el auto a mi viejo y lo llevaba a Poroto (Dante) hasta Tolosa por el Centenario, sin tener dimensión de que te podían cortar el camino para hacer algún operativo. A más de uno lo cagaron a tiros por venir en pedo. Los milicos te barrían", recuerda Ernesto

Colimba y después...

Con el número 324 sorteado, Ernesto tuvo la esperanza de salvarse. Pero por una mínima diferencia de 24 números no pudo evitarlo.

Y así fue como en el mes de marzo de 1981 lo designan al Regimiento 7 –actual Plaza y Centro Cultural Islas Malvinas- y comienza la colimba.

"Estaba en una compañía de infantería, entonces tuvimos el entrenamiento básico. Duró dos meses y fue en la localidad de Monte. La instrucción fue militar, o sea, la utilización del arma, el desfile, el boludeo, todo el saber del rango, los saludos. Habré practicado tres tiros en un año, como mucho"- explica.

Ernesto no tiene recuerdo de que se haya mencionado la palabra Malvinas por esos días. La hipótesis de conflicto era, por un lado, con el denominado enemigo interno y, por otro lado con Chile: "Nos decían la frase "Haga patria, mate un chileno."

Querían implantar la idea de la iglesia vinculada con lo castrense, yo ni siquiera estaba bautizado. Tenía que aprender por las dudas el Padre nuestro.

Además, en los puestos de guardia había una foto de un tipo con barba, con anteojos y abajo decía: cuidado, el enemigo acecha. La parte del instructivo era combate en localidades. Simulacros de entrar a una casa pateando las puertas. Bajaban línea, de la que nunca me convencieron, yo con los milicos no tenía nada que ver."

Luego de la protesta del 30 de marzo realizada en Plaza de Mayo por obreros que exigían el fin de la dictadura, los partidos políticos empezaban a plantear una salida electoral.

Tras esos episodios, se comenzaron a acuartelar a los colimbas para informarles que había un estado de convulsión. "Fue una situación muy abrupta, apareció de la nada el tema Malvinas. Estábamos con Poroto en el casino de oficiales, en la cantina de soldados donde había una televisión a color y vimos el discurso de Galtieri. Dijimos: cagamos, estamos hasta las manos. Fue el 2 de abril más o menos, estábamos con el equipo de combate puesto, con armamento, con municiones de guerra, ahí de reserva por si tenías que salir para cualquier lado."

El 13 de abril viajan en un avión de aerolíneas sin asientos, primero a El Palomar, luego a Río Gallegos y finalmente a Malvinas. Para muchos se trataba de un movimiento más, la conciencia de una posible guerra no existía. En un clima de mucho frío y casi desolación comienzan a organizar las posiciones en Monte London.

Se vive en relativa calma hasta el 1 de mayo, "ahí sí empezamos a sentir la guerra, cambió todo. Durante el primer bombardeo al puerto no sabíamos dónde meternos, y eso que estaban bombardeando a 20 kilómetros. Desde la posición donde estaba era un espectáculo dantesco, nos sentábamos en una piedra a ver lo que tiraban. Fue tipo 6 de la mañana, había penumbra. Empezamos a sentir y ver cosas que no habíamos vivido nunca, los ruidos, las explosiones de las bombas de no se cuántos kilos. Hasta que empezamos a soportar los ataques de artillería naval sobre nuestras posiciones, y después te acostumbras, como todo."

El último día en la isla fue el 11 de junio, luego de algunas semanas en las que la comida ya había empezado a faltar, llegaron a comer desde semillas de frutas hasta dentífrico. Ernesto cuenta que esa misma tarde después de tomar un mate cocido lo sorprende una bomba y la onda expansiva lo deja muy aturdido. En el apuro de llegar a su posición se equivoca de puesto y cuando lo ven en el estado que estaba lo mandan a la enfermería, en donde pasa la noche.

De este modo se salva, literalmente, del más duro de los combates, que deviene al día siguiente en la rendición.

Al fin en casa

"Volvemos en el Canberra, todos pensamos que íbamos a venir en una bodega llena de ratas, llegamos y todo alfombrado, claro, era un trasatlántico, un buque civil de pasajeros ¡con calefacción!. Me acuerdo que me traje una barra de queso que agarré del pueblo. Nos comíamos de todo, un kilo de batata, remolachas, cualquier cosa, mantecol, chocolate, leche en polvo. Nos dieron pan caliente, ¡no entendíamos nada!", expresa con un tono mas relajado. Después de un largo viaje llegan a Puerto Madryn donde los recibe muchísima gente.

El tiempo pasó, y luego de dos años de la guerra, Ernesto se casó con Claudia. En el año '85, por una necesidad de hablar del tema con gente que había vivido lo mismo que él, se acercó al CECIM. De forma paulatina su compromiso político fue aumentando.

Por aquella época ya reinaba la democracia, pero las secuelas del pasado se hicieron sentir: "Podíamos juntarnos a jugar al ping pong, pero no hablar de política.

Teníamos intervenciones del Servicio de Inteligencia, persecuciones, amenazas, seguimientos. Pero fuimos transgresores, eso fue lo que nos hizo poder vincularnos a la política como jóvenes. Por otro lado, muchos no querían venir al CECIM por miedo a que se hable de política. Pero eso fue precisamente lo que dejo la dictadura, y que muchos compañeros no lo pudieron superar".

Compañeros y allegados destacan su vocación de dirigente y su firmeza en las convicciones. Cualidades fundamentales que hacen que los logros en conjunto se puedan ir concretando.

"Por muchos años se sacralizó la guerra, no se podía hablar, también fue porque los milicos implantaron esa idea de defensa hacia la soberanía, y nada que ver. Además son los mismos que en Malvinas nos tenían como el enemigo interno por ser parte de la juventud. Nosotros discutimos política y a partir de eso se empieza a hablar de políticas públicas en torno a los ex combatientes. Hay una visualización en perspectiva de futuro, una cuestión que todavía está latente. Tenemos una consigna ya desde los '80: "volveremos a Malvinas de la mano de América latina", y hoy está más vigente que nunca. Este gobierno toma la idea de "Malvinas: democracia y soberanía", en el eje de verdad y justicia y se despega de la reivindicación de la guerra, cosa que siempre pusimos en discusión. Hay una coincidencia, y creo que es lo correcto."

Después de tantos años de lucha, no es por nada, que la frase que suele repetir Ernesto entre los integrantes del CECIM sea: "Parece que se alinearon los planetas"

 
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