| El plan les salió mal: la juventud vuelve a la militancia |
| Domingo, 14 de Noviembre de 2010 20:03 |
|
Por Sebastián Griffin TW: @sebagriffin
La juventud argentina fue protagonista de grandes hechos y procesos sociales durante todo el siglo XX: desde la reforma universitaria de 1919, hasta la guerra de Malvinas. Pero hay que recalcar el periodo que va de fines de los 60 hasta al dictadura del 76, en donde la juventud quizá vivió su época de mayor efervescencia y la sensación de que se podía cambiar el mundo a través de la lucha armada. Pero tras el terror y la persecución de la dictadura, en las primeras dos décadas de la democracia, jóvenes y política comenzaron a ser dos polos opuestos, palabras antagónicas y contradictorias. De la mano de un descreimiento en la participación se empezó a dar un fenómeno de aislamiento emparentado con la vorágine de la tecnología. Política se tradujo en mala palabra, egoísmo y vanidad parecieron ser la regla. Este fenómeno cultural no fue inocente, esta en relación con un modelo planeado, que nace en dictadura: el entender al joven como un consumidor alienado e inserto en el mercado ultracapitalista. Sin embargo en estos primeros 10 años del siglo XXI los jóvenes se acercaron de nuevo a la participación y el debate, a la discusión, las convicciones y las utopías. Este proceso surgió a la par de un gobierno que volvió a poner en juego el cuestionamiento de los poderes históricamente constituidos en Argentina, y que rescató palabras y conceptos que habían sido desterrados de la política.
A mitad de la década del 60 el mito de Perón, que se encontraba en el exilio, comenzó a tomar fuerza en los jóvenes nacidos durante el primer periodo peronista. Estos muchachos que crecieron con la proscripción y la resistencia veían en el poder la opresión de un grupo gobernante servil al imperialismo. A su vez se dio el fenómeno de que por primera vez jóvenes que emergían de las universidades se empezaban a identificar con la lucha del pueblo. Ellos estaban influenciados por la resistencia peronista, la revolución cubana, la guerra de Vietnam, las luchas por la liberación Latinoamericana y por todo un fenómeno cultural que combinaba lecturas de Mao, Marx, Sartre, con Jauretche, Scalabrini Ortiz y demás exponentes del pensamiento nacional. Perón los llamaba desde el exilio “la juventud maravillosa”. Los muchachos de esta generación estaban cargados de ideales y activamente militaban en agrupaciones que estaban basadas en ideas revolucionarias, en donde el comprometerse con el ideal que buscaba el bien colectivo era el principal motor de cambio. José Pablo Feinmann relata con ironía en “Digamos Boludeces” las consignas con gran carga reivindicativa y combativa que la juventud enarbolaba: “Patria si, colonia no”, “Liberación o dependencia”, “Cinco por uno, no va aquedar ninguno” o “La patria dejará de ser colonia o la bandera flameará sobre sus ruinas”. "Boludeces" las caracteriza Feinmann en su texto, en el que describe el reencuentro de viejos militantes compañeros de la facultad. "Boludeces", que como el filósofo también relata, comenzaron a generar que los “hagan boleta”. En Marzo de 1976 se produjo el golpe militar. Este episodio reformuló el escenario. El terrorismo de estado se propuso como objetivo destruir esta generación de espíritu transformador mediante persecución, tortura y desaparición, con consecuencias planificadas que afectarían a generaciones futuras. El poeta, y militante de Montoneros, Paco Urondo era uno de los ejemplos de los intelectuales comprometidos con la lucha. En sus versos se percibe la persecución y la violencia ejercida desde el poder y desde los grupos parapoliciales. En numerosas líneas él grafica su tiempo: “Un hombre es perseguido, una familia entera, una organización, un pueblo”, y se define a sí mismo: “Aquí estoy perdiendo amigos, buscando viejos compañeros de armas, ganándome tardíamente la vida, queriendo respirar trozos de esperanzas”. Descarnadamente también pide: “Piedad para los que hablaron bajo tortura o presión de cualquier tipo, para los que supieron callar o no pudieron mover un dedo”, y concluye en Letanía: Con toda la vida por delante solo queda pensar en los muertos. El rencor sube a mi garganta y vuela con mi destino como un vomito, como un pájaro: la vida que empujo, que arrastro. Poco tiempo después de estas líneas, luego de ser enviado por su organización a Mendoza, Paco decide morir antes de entregarse a los militares en un enfrentamiento. El periodista y militante de Montoneros, Rodolfo Walsh, en su Carta Abierta a la Junta Militar, uno de los documentos mas importantes del periodismo argentino, advirtió sobre el objetivo del régimen militar: exterminar la militancia para luego establecer un modelo económico que transformaría culturalmente al país. Walsh en su carta, hizo en primer lugar, una exposición acerca de las violaciones a los derechos humanos cometidas por el gobierno de facto. Los números que presenta walsh son contundentes y asombran por su precisión. Luego, se dedicó a analizar cuál es el objetivo final de la dictadura: imponer un modelo económico que favorezca a los sectores tradicionales y a los intereses extranjeros sustentado por lo que el llamó “la miseria planificada”
La aplanadora: el neoliberalismo Luego del retorno de la democracia ,y de un breve periodo de esperanzas y entusiasmo, hacia finales de la década del 80 el modelo económico-cultural comenzó a consolidarse. Con el ascenso de Carlos Menem al poder prometiendo salariazo y revolución productiva, el neoliberalismo se afirmó en Argentina. Los sectores oligárquicos y financieros ahora tenían un nuevo socio en democracia. La periodista Gabriela Cerutti relató en su nota “Hijo é Tigre” las características de la forma de hacer política menemista, una forma que irremediablemente repercutiría en la sociedad : “Hubo un fin de semana en que Carlos Menem firmó el indulto a los ex comandantes y a Mario Eduardo Firmenich, se subió a una Ferrari conseguida por medios poco claros, manejó a velocidades prohibidas cuando se temía un pico de hiperinflación y, el primer domingo del 91, leyó como la embajada de los Estados Unidos protestaba porque alguien en el gobierno había pedido una coima al frigorífico Swift. Pero Carlos Menem levantaba su pulgar en alto, decía “estamos mal pero vamos bien” y jugaba al futbol con las estrellas. Y nada importaba”. De este modo, se pasó de vaciar al país de militantes y de ideas en dictadura, a terminar de vaciarlo por completo en democracia, para instaurar el modelo de consumo masivo, el show, la corrupción y el bastardeo de la política.
Para Frai Betto, Escritor - Teólogo de la liberación, en un modelo de este tipo “Se privatiza el existir, que se encierra en un individualismo que se jacta de su indiferencia ante los dramas ajenos, y predomina la insensibilidad ante las cuestiones colectivas. La ética cede el lugar a la estética. La política es mirada con disgusto, y la vida como un videoclip anabolizado por el dinero, la fama y la belleza”. Según Betto, esto tiene grandes consecuencias sobre la juventud: “Surge la primera generación sin culpa, despolitizada de compromisos, repleta de jóvenes aburridos, escépticos, insatisfechos, fragmentados. Generación con una reducida capacidad de asombrarse, de entusiasmarse, de comprometerse. Una generación desencantada”. Hijos de la década del 90, los jóvenes actuales están atravesados por un proceso que dejó profundas marcas, los alejó de la participación y de la concepción de que la política es herramienta de transformación social. La dictadura militar apelo a la desaparición y el terror, para lograr instaurar el neoliberalismo que vino de la mano de un nuevo paradigma cultural. Sin embargo, parecen no haber triunfado. Nuevos debates surgieron en la agenda del poder en estos últimos 7 años. El retorno Desde la asunción de Néstor Kirchner en el 2003, y la continuidad de su gobierno con Cristina Fernández, se comenzó a hablar de redistribución, pueblo, autonomía, Latinoamérica y empezaron a circular, legitimadas desde el ejecutivo, las historias de las luchas de los 70tas. Las palabras, las ideas y los conceptos retornaron a la política.
De esta forma el mayor legado que quizás dejó el paso de Néstor Kirchner por la presidencia, fue el de actuar como un puente entre la militancia de los 70tas y la juventud actual. Un puente que permitió sortear las consecuencias de la dictadura y el menemato, y que devolvió la posibilidad creer que los cambios sociales se logran a través de la política. El plan les salió mal, el camino se está revirtiendo y la juventud vuelve a la militancia. Si esto se profundiza, será la mejor forma de reivindicar a quiénes dejaron la vida por un ideal. |




Sergio Balardini, Licenciado en psicología de la UBA, retomó algunas ideas de la Carta a las Juntas en "De los jóvenes, la Juventud y las políticas de juventud". Allí sostuvo que llevando adelante las políticas neoliberales sobre y desde los estados, desde mediados de los años 70, “se actúa en tres espacios, por un lado en el espacio de lo social, desactivando, desorganizando, o sea, desactivando la organización, También se operará la transformación del propio estado y finalmente se actúa sobre el sistema económico productivo. Una operación política completa” Balardini señaló además que esta tansformación da lugar a una sociedad diferente “porque en la medida en que la construcción de subjetividad cambia radicalmente, también va a devenir otro tipo de sujetos, entre ellos los jóvenes”. El cambio cultural de Argentina, cuyo principal objetivo eran los jóvenes, estaba en marcha.
A su vez, se empezó a cuestionar los poderes mediáticos y económicos con la nueva Ley de Servicios Audiovisuales y la Ley 125. También se tomaron los Derechos Humanos como política de estado, y esto, a pesar de quienes por ser acérrimos opositores al gobierno nacional postulan que fue una “utilización demagógica”, tuvo consecuencias materiales que conjuntamente con los demás logros y consignas movilizaron a una juventud que demostró ganas de reagruparse y participar desde ámbitos muy disímiles que van desde la calle hasta el espacio que brindan las nuevas tecnologías.





